Nosotros
La vida siempre ha sido ‘nosotros’, aunque llevemos tiempo poniendo casi toda la atención en el ‘yo’. En mirarnos por dentro, en entendernos, en cuidarnos, en priorizarnos. En parte era necesario. Había mucho que ordenar ahí. Pero en algún momento ese movimiento se quedó a vivir en el ‘yo’.
El lenguaje empezó a llenarse de ‘mi proceso’, ‘mi espacio’, ‘mis tiempos’, ‘mi energía’. Todo gira alrededor de uno mismo, como si la vida fuera, sobre todo, un proyecto individual que hay que gestionar bien. Como si bastara con ordenarnos por dentro para que todo lo demás encajara. Y, sin embargo, la vida nunca ha funcionado así.
Somos personas hechas de vínculos. De miradas que nos sostienen, de conversaciones que nos cambian, de manos que aparecen cuando no sabemos muy bien qué hacer. Nadie llega lejos completamente solo, por mucho que el discurso contemporáneo insista en la autosuficiencia.
Salir del ‘yo’ no significa olvidarse de uno mismo. Significa recordar que no todo empieza y termina en nuestra experiencia personal. Que hay algo profundamente humano en levantar la vista y pensar también en el otro: en cómo está, en qué necesita, en qué podemos ofrecer. Porque el ‘nosotros’ no es una pérdida de libertad. Es el lugar donde la vida se vuelve más amplia que uno mismo.
Quizá no se trate de dejar de mirarnos por dentro, sino de no quedarnos ahí demasiado tiempo. De volver a levantar la vista. De recordar que lo que realmente nos sostiene no es solo lo que hacemos con nosotros mismos, sino lo que construimos entre todos. Porque el ‘yo’ explica una vida. Pero el ‘nosotros’ la hace posible.


Me encanta tu escrito de hoy.
En el “nosotros” vive “los otros”
Me permito copiarte y pegarte un artículo de el gran filósofo José Carlos Ruiz Zafón que trabajo en clase y que es justo lo que tú comentas, perdona si queda largo por aquí, pero no sé poner ni el vínculo ni nada de eso
JOSE CARLOS RUIZ ZAFÓN. LOS OTROS
Otro curso que comienza, otra temporada que se inicia, otra vez averiguando libros, y planificando horarios imposibles, otro septiembre de vuelta al trabajo, … Se me antoja que este adjetivo, otro, que a veces actúa como pronombre, no parece tener buena prensa en los tiempos que corren. Igual por eso el otro, la otredad, se ha convertido en una carga que al nombrarlo nos pesa como una losa, ese otro que al pensarlo se atraganta y se hace bola, dificultando la digestión.
Hemos olvidado, cual ingratos, a ese otro que nos inició en la lectura, o a la que nos enseñó a respetar el material escolar, o a la que nos puso al día con el temario cuando estuvimos mes de baja con la pierna rota, o al que nos traía a la cama del hospital los postres que sobraban porque sabía que eran nuestra perdición, o el que nos cubrió en el trabajo aquel día que faltamos cuando no había justificación legal que nos amparase,....
Va siendo hora de dignificar tan denostado pronombre: “otro”, y ponerlo en valor. Porque solo así estaremos preparados para el siguiente paso que implica el reconocimiento del otro como elemento cenital de nuestra identidad y que solo podremos hacer a través del agradecimiento.
Los griegos tenían en su mitología a las Tres Gracias, belleza, alegría, y abundancia, que gozaban de su propia festividad, las caritesias, la Acción de Gracias. Pero hoy parece que la belleza filtrada, la alegría impostada y la abundancia “posteada” pivotan en torno a un Yo Digital, donde el otro no tiene cabida. Se nos olvida que en la palabra Nos-otros, se incrusta ese otro y ese olvido, mucho me temo, nos califica como des-agradecidos.
Que maravilosa reflexión que pone el foco en el "nosotros", porque sin el nosotros es muy difícil seguir trabajando el yo.